2o.
Encuentro
Pasaron seis meses, debo ser honesto, me
emocioné por otras chicas y a Ingrid no la recordaba. Mi corazón solo le ha
pertenecido durante el tiempo que duran nuestros encuentros. Sin embargo, cada
uno de ellos fue como una vida interminable vivida en un lugar de ensueño donde
nos pertenecemos de una y mil maneras distintas.
En esa segunda ocasión ella no me vio, sólo
la observé de lejos: tranquila y alegre junto a sus amigas. Pasó frente a mí
sin voltear la mirada. Algunos de mis compañeros soltaron piropos subidos de
tono para ella. Mientras que yo sólo pensaba en la posibilidad de pararme
frente a ella y decirle: “hey yo soy el que estás buscando”.
3er.
Encuentro
Curioso destino, asombrosas consecuencias,
inteligibles caminos que se cruzan de vez en vez. Fue como recordar algo del
pasado, pues nuevamente, el transporte público como perfecto celestino nos
volvió a unir. Al subir, su cara me inundo como un cálido sol y casi me paso de
largo sin pagar, pero el chofer me detuvo. Ella sonrió al verme, al menos no se
olvidó de mi rostro.
El trayecto a casa, fue una larga lucha
interna como Jean Valjean antes de entregarse a las autoridades. Quería
acercarme y no lucir como tonto, ser como el resto de los chicos a los cuales
no les importa jugar con los sentimientos de las chicas, quería parecer seguro
de la situación, pero respiraba más rápido de lo normal. Y ¿si todas esas
señales que veía en ella eran sólo parte de la imaginación?
Y ella volteó regalándome una nueva
sonrisa, pero ahora más coqueta. En ese lugar sólo éramos tres personas y ella
dirigía su sonrisa a mí. Quería algo más, lo pude ver en sus ojos. Pero no
reaccioné ante esa propuesta, y el cuerpo simplemente permaneció estático,
congelado ante la probabilidad. Bajé un par de cuadras después.

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